América Latina en la era Trump (1era parte)

En materia de política exterior, América Latina no representa una prioridad para el gobierno de Donald Trump, ya que, a diferencia de otras regiones del mundo, casi no encarna intereses estratégicos de Estados Unidos. En vista de la consigna «America First» proclamada por el presidente, la política hemisférica desarrollada por otros mandatarios estadounidenses para asegurar el propio rol de potencia mundial solo aparece ahora como estrategia de defensa.

Por Cortesía de nuestro miembro Wolf Grabendorff

Las relaciones de Estados Unidos con sus vecinos del sur no son fáciles. Además de las evidentes asimetrías en cuanto a poder político y bienestar social, existen sobre todo enormes diferencias entre las culturas políticas de las dos Américas, lo que ha convertido las relaciones intercontinentales en un terreno particularmente complicado. Los enfoques políticos sobre cuestiones internas siempre se han entremezclado con estrategias sobre asuntos exteriores y de seguridad y esto ha provocado, por ende, efectos «intermésticos» difíciles de regular en sociedades tan diferentes. Estos efectos se acentuaron aún más por la dualidad presente en las cúpulas políticas de los países latinoamericanos: algunas aceptan el liderazgo estadounidense mientras que otras quieren reducir esa influencia. Para América Latina, los ejes políticos centrales son, precisamente, los temas que resultan determinantes para el presidente Donald Trump (comercio, medioambiente y migración), tanto frente a sus votantes como en lo que se refiere a su posicionamiento internacional. Por ello, es casi inevitable que haya un conflicto de intereses permanente en el hemisferio occidental. Pese a la retórica agresiva y racista de Trump, la política exterior concreta de eeuu en la región está marcada por una continuidad respecto a las medidas bilaterales y multilaterales del gobierno de Barack Obama. Los modelos de desarrollo conservadores vigentes en muchos países de América Latina permiten, además, que eeuu siga manteniendo un esquema tradicional de relaciones.

Debido a su posición geográfica, América Latina es considerada a menudo como la región más importante para el bienestar y la seguridad estadounidenses. Mucho antes de que Trump llegara a la Presidencia, las olas migratorias favorecidas por su cercanía habían generado ya una especial sensibilidad geopolítica hacia América Latina. Sin embargo, la última fase de esta difícil relación coincide con la pérdida de liderazgo de eeuu a escala global y con una tendencia a la descomposición de la actual supremacía y hegemonía del orden mundial liberal. Este desarrollo ha desestabilizado claramente a los latinoamericanos, tanto a quienes son críticos de eeuu como a los que se expresan en su favor; es por ello que la presidencia de Trump tiende a ser considerada en la región como un giro histórico, aunque poco han cambiado las relaciones económicas y diplomáticas. Por el momento, el actual gobierno estadounidense casi no ha mencionado las «afinidades hemisféricas» invocadas por gobiernos anteriores. Se dio prioridad, en cambio, a una política unilateral por sobre un enfoque multilateral, con la excepción de la dramática crisis de Venezuela, como se ha demostrado en la viii Cumbre de las Américas celebrada en Lima. Hasta ahora no se dio apoyo suficiente a las actividades de la Organización de Estados Americanos (oea), ni se fortaleció políticamente a la organización interamericana en sus esfuerzos orientados a la solución de conflictos. La estrategia «America First» se orienta sobre todo a las relaciones bilaterales. Es lógico entonces que el presidente Trump rechace importantes elementos observados en la política tradicional de eeuuhacia América Latina, como la promoción de acuerdos de libre comercio, el apoyo a organizaciones multilaterales o el respaldo a procesos democráticos de la misma forma en que también lo hace a escala mundial. De todos modos, estos elementos siguen usándose en parte en América Latina, ya que sirven como base para establecer una cooperación promisoria, al menos con algunos países de la región: principalmente, para aislar a Venezuela y Cuba, pero también para contrarrestar el ascendente peso geopolítico de China y Rusia.

Es probable que este áspero rechazo del multilateralismo por parte de Trump deje una marca duradera en la posición de algunos gobiernos latinoamericanos y debilite así aún más los ya estancados esfuerzos regionales de integración y cooperación. Para frenar o revertir el retroceso en las relaciones económicas, vinculado en parte al fin del boom de las materias primas, eeuu busca revisar los acuerdos de comercio multilaterales (México y Centroamérica) y bilaterales (Chile, Perú, Colombia). Trump expresó con mucha precisión cuál es el criterio: el superávit comercial debe quedar ahora del lado de eeuu.

Con «eeuu primero», Trump no se refiere solo al conjunto de los intereses nacionales, sino que apunta claramente a los intereses económicos de determinadas empresas con acceso directo al presidente o a sus asesores, como ya lo han demostrado varias decisiones concretas en asuntos exteriores. Dado que el mercado estadounidense sigue siendo fundamental para muchos países latinoamericanos, todos los socios regionales intentan ahora obtener o defender sus ventajas comerciales mediante deals, es decir, mediante concesiones en otros ámbitos políticos importantes para el actual gobierno.

Desde la asunción de Trump, la pérdida de credibilidad internacional y de previsibilidad política de eeuu se percibe con claridad en América Latina. Hasta ahora, la región solo ha mostrado reacciones defensivas en temas vinculados a la política migratoria, el comercio y la amenaza de intervención en Venezuela. Mientras tanto, ha aumentado considerablemente la disposición a establecer una colaboración más estrecha con eeuu en todas las áreas de la seguridad pública…

Continuará 

 

Foto: ‚Trump shrine‘  en el Organ Pipe Cactus National Monument en la frontera con México ©Ami Pate

 

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